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La Bella y la Bestia, fantasía animada que se vuelve realidad

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La Bella y la Bestia

Sé de gente que en 1991 (fecha del estreno de la cinta animada La Bella y la Bestia de Disney), se emocionaba al verla en cines o de algunos otros que la vieron en formato casero una y otra vez, (llamémosle VHS). Obvio “La Sirenita” había llegado demasiado pronto, “Bambi” hacía llorar, y “El rey león” estaba por estrenarse.

También sé que con esta cinta, muchos cinéfilos accedieron al difícil y emotivo arte de ver películas, referencias, lectura de artículos y demás banalidades, mentira que se forjaron con una educación cinematográfica fundamentada en los años 80`s, “E.T.”, “Los Goonies”, “Volver al futuro” y un muy largo etcétera, ya por no hablar de cine clásico.

La Bella y la Bestia

 

También sé de muchas personas que vieron La Bella y la Bestia en teatro, y que se saben tooodas las canciones, todos los temas, todas las coreografías, y conozco féminas a quienes l personaje de Bella las marcó de por vida, esa independencia femenina, ese amor (muy en duda) por los libros, por la lectura, por ser ese bicho raro de la sociedad que sabe que existe algo más huele sospechosamente a cliché.

La Bella y La Bestia del Siglo XXI, ¿una mejor versión?

Dicho todo esto, la nueva La Bella y la Bestia mejora respecto a la original cuanto más se parece a ella (que por cierto fue la primera y única cinta animada en ser nominada al Oscar dentro de la categoría de mejor película),

Todo lo que no estaba en la película de Disney y que el director Bill Condon (creador de un par de cintas de la saga “Crepúsculo” entre otras “joyas”) inventa, termina resultando una mala idea que poco aporta a esta amalgama de adaptaciones de la novela de Gabrielle Suzanne Barbot de Villeneuve que Jeanne Marie Leprince de Beaumont convirtió en cuento en 1756 teniendo como referencia a la delicada y hermosa película de Jean Cocteau de 1946.

Interesan tan poco las inclinaciones sexuales de los personajes secundarios, por muy prometedoramente que las hayan vendido desde el departamento de marketing, como lo que le pasó a la madre de Bella, máxima innovación del equipo de guionistas.

Muy al contrario, la nueva La Bella y la Bestia gana cuando reproduce de forma clónica todo aquello que a la audiencia le robó el corazón entonces, por ejemplo el baile con vestido dorado, fragmentos que calcan del filme de 1991 fotograma a fotograma, a excepción de una nueva comunidad negra inexistente en la anterior y la solidificación de unos personajes considerablemente agrandados por el trabajo de los actores.

La Bella y la Bestia

Especialmente Luke Evans (Gastón) y Josh Gad (Lefou) que roban la función a las estrellas de la anterior película, el concepto del hogar hechizado y los personajes a los que ponen voz actores de primera línea (véanla en inglés) como Ewan McGregor, Emma Thompson o Ian McKellen, pero sobre todo la genial Emma Watson.

También hay que mencionar que hay mucho de la valiente Hermione Granger en la nueva Bella. Aquella lectora empedernida, cuyos sueños más allá de la vida provincial conectaron (como ya habíamos mencionado) en las aspiraciones de las mujeres independientes en los 90, sigue rechazando al guapo del pueblo en pro de una vida llena de aventuras en un reino lejano que ahora se llama Paris.

Una Bestia a la que se la ha extirpado toda su fiereza

 

No obstante, y a pesar de preferir a Shakespeare a los cuentos de hadas, y de haber inventado una protolavadora en el siglo XVIII, no han tardado en aparecerlos artículos en la red que acusan a la actual versión de poco feminista. Y a Bella de ser una mantenida por quedarse con la Bestia en su castillo.

Y a Emma Watson de enseñar medio pecho en una revista (búsquenla) y algunos que acusan a Bestia de verse demasiado gay (caracterizado y cuando se convierte en humano también), a la Bestia se le ha extirpado tanta fiereza que parece un muñeco de peluche melancólico encerrado en el palacio de la cursilería, esto sin mencionar la falta de química que hay entre los protagonistas y la poca credibilidad que tiene su historia de amor.

La Bella y la Bestia

Cuando Disney empezó a adaptar sus clásicos animados a imagen real, lo razonable era pensar que el propósito consistía en “barnizar” de sensibilidad contemporánea esa herencia y así competir con otros trabajos coetáneos que iban en esa dirección:

“La cenicienta” (2015), de Kenneth Branagh, echó una cubetada de agua helada a esas expectativas en forma de redundancia mansa y reiterativamente barroca, recurriendo a la saturación visual, pero con “El libro de la selva” (2016), de Jon Favreau, reorientó el asunto con libertad y sobre todo con un muy sofisticado trabajo de animación hiperrealista ganando el Oscar a los mejores efectos especiales.

Que, en un imaginario Disney con tanto potencial para la apropiación “camp”, el primer personaje oficialmente homosexual sea un cliché ofensivo, no deja de estar en el falso feminismo de la propuesta por una Emma Watson en loca deriva promocional (vuelve a leer un par de líneas arriba, querido lector/a.)

Y lo peor es que es un musical que, en su puesta en escena y montaje se olvida de serlo.

Acerca de José Luis Ahumada

José Luis Ahumada ha escrito 79 entradas en este blog.

En un principio asistente de programación en Canal 22, investigando y redactando reseñas cinematográficas, a la vez que trabaja como researcher en la Cineteca Nacional en diversas investigaciones y en el programa mensual. En Film Club Café lleva diez años impartiendo cursos de manera ininterrumpida, donde se han dado cita cineastas tan diferentes como Andrei Tarkovski, Roman Polanski, David Lynch y diversos módulos de géneros cinematográficos e Historia del cine. En el colegio CCH Naucalpan, ha impartido diversos cursos , sobre todo para la docencia donde se han tocado temas como El Film Noir y demás géneros y cineastas muy específicos. En Editorial Mina lleva cerca de 6 años publicando de manera esporádica radiografías sobre historia de la música coordinando, escribiendo, diseñando y dirigiendo la publicación Monstruos del Rock y Hombres y Mitos.

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En un principio asistente de programación en Canal 22, investigando y redactando reseñas cinematográficas, a la vez que trabaja como researcher en la Cineteca Nacional en diversas investigaciones y en el programa mensual. En Film Club Café lleva diez años impartiendo cursos de manera ininterrumpida, donde se han dado cita cineastas tan diferentes como Andrei Tarkovski, Roman Polanski, David Lynch y diversos módulos de géneros cinematográficos e Historia del cine. En el colegio CCH Naucalpan, ha impartido diversos cursos , sobre todo para la docencia donde se han tocado temas como El Film Noir y demás géneros y cineastas muy específicos. En Editorial Mina lleva cerca de 6 años publicando de manera esporádica radiografías sobre historia de la música coordinando, escribiendo, diseñando y dirigiendo la publicación Monstruos del Rock y Hombres y Mitos.

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